¿Qué es un niño? – Extracto del curso Urgencias y Emergencias en Pediatría

Este apartado es esencial para el sanitario cuya experiencia se centra en la atención a pacientes adultos.

¿Qué es un niño? No es un adulto de tamaño reducido, ni, simplemente, un adulto a medio hacer, ya que tiene valor y sentido por sí mismo. Y, aunque parezca obvio, no sobra recordar que a pesar de que su fuerza física sea menor (no nos pueda pegar con igual energía que un adulto), le sea más difícil poner reclamaciones o denunciarnos, no pague impuestos y carezca de capacidad de voto, merece toda nuestra preparación para atenderle de forma óptima.

Con frecuencia, su menor peligrosidad directa, ha dado lugar a una cierta hipocresía: le hemos tratado como a un ser con menos derechos y recursos (pensemos en las técnicas dolorosas realizadas con contención mecánica y sin analgesia adecuada, o en la falta de comunicación o explicaciones a niños que pueden entendernos), mientras que de palabra la sociedad ha proclamado sus derechos y la prioridad de su atención.

Aunque la Convención sobre los Derechos del Niño (ver más detalle en el artículo de Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Convención_sobre_los_Derechos_del_Niño) considera niño al menor de 18 años, en nuestro país la atención sanitaria a los adolescentes se realiza con frecuencia en servicios de adultos. Desde el punto de vista legal la mayoría de edad sanitaria se establece a partir de los 16 años (http://leyemecum.es/blog/cual-es-la-mayoria-de-edad-sanitaria-excepciones-doctrina-del-menor-maduro/). Deberemos tener en cuenta que cada edad conlleva sus peculiaridades (un recién nacido es un tipo de paciente muy distinto al adolescente) y necesidades específicas, tanto en la salud como en la enfermedad, y que no se le puede desligar de su núcleo familiar. Con él deberemos emplear a fondo nuestras habilidades de comunicación verbal y no verbal.
El niño tiene una anatomía y fisiología distinta al adulto. Por ejemplo: su vía aérea tiene la laringe más cefálica y anterior (puede dificultar la intubación), posee mayor relación superficie/peso (mayor riesgo de pérdida de calor), mayor relación cabeza/resto del cuerpo (importante tenerlo en cuenta si hay sangrado cefálico, o al calcular la superficie quemada), mayor capacidad de compensación inicial en caso de hemorragia, peor tolerancia a las bradicardias, etc.

Concluimos entonces que, puesto que el niño que atendemos de urgencia no es un adulto pequeño enfermo, precisará de recursos propios: personal formado específicamente, diseños y materiales adecuados para todo el espectro de tamaños y lugares habilitados para él y su familia.”

Extracto del Tema 1: “Características del niño sano y su respuesta a la enfermedad. Valoración.” Del Curso Urgencias y Emergencias en Pediatría de Pupilum

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